El esquema de la culpa (a los otros)

CulpaSi hay algo que no me gusta de la realidad en la que estamos viviendo en estos momentos es la tendencia que hay hacia la polarización. Y, lógicamente, las polarizaciones no llevan a buen puerto puesto que, por lógica, toda la argumentación queda difuminada por unas falacias Ad Hominen en las que deja de verse el acto por quien lo ha hecho o dicho. Personalmente creo que esta tendencia nos ayuda poco o nada a crecer de una manera plural y crítica, el cual es el fin deseable de una sociedad. Hay que buscar una alternativa con urgencia antes de que la crispación termine de nublar nuestra visión.

La búsqueda de la culpa

Hace años aprendí una técnica que es muy válida, o por lo menos para mí lo es. Se trata de analizar los hechos y acciones bajo dos perspectivas: la intencionalidad del acto y sus consecuencias. Uno puede tener un fin último para hacer algo que será bueno o será malo, y por otro lado, ese acto tendrá unas consecuencias que serán positivas o negativas. Uniendo esas dos dimensiones tenemos cuatro posibles resultados:

–> Intencionalidad Buena-Resultado positivo:

Alguien ha querido hacer el bien y lo ha conseguido. El ideal. Este es el momento de premiar a esa persona porque ha querido hacer algo que redundara en un bien, para quien sea, y además lo ha conseguido.

–> Intencionalidad buena-Resultado negativo:

Hay veces que queremos hacer algo bueno pero la cosa sale mal o quizás nuestra intención, pese a ser buena, es negativa para quien recibe la consecuencia. Traducida libremente hay una expresión inglesa que viene a decir que el camino al infierno está construido sobre buenas intenciones. Y es que no todos creemos que hacer el bien es lo mismo. En este caso no hay que ensañarse tampoco con la persona porque su intencionalidad es buena.

Quizás si ha sido un fallo ayudarle a corregirlo y si ha sido, como dice, porque no está haciendo algo que nos ayude si no al contrario, explicárselo. Hay ocasiones, si se reincide en este punto que conviene alearse de esa persona, sobre todo si no está escuchando lo que decimos. En esos casos se diferenciará muy poco del cuarto grupo. Salvo que en su mente siempre creerá que está haciendo el bien y puede llegar a adoptar una visión victimista.

–> Intencionalidad mala-Resultado positivo:

Y el contrario también puede ser una opción. Quizás alguien no tenga su mejor intención al hacer algo. Pero el fin ha resultado bueno. Quizás alguien te ha quitado a mala leche ese puesto al que querías ascender. Pero eso ha dado la casualidad de que te ofrezcan uno mejor. O quizás alguien porque no le pille Hacienda dona una cantidad inmensa de dinero que ayuda a una comunidad a que deje de pasar hambre. En el primer caso no habría que dar más vueltas porque la propia realidad ya lo hizo y en el segundo, pues tampoco. No es alabable porque su fin no era ayudar, pero criticable… Al final hay un beneficio.

–> Intencionalidad mala-Resultado negativo:

En este caso y sólo este, es el que merece un castigo la persona. Ha querido hacer daño y lo ha hecho. Muchas veces, aunque resulte curioso, es el momento en que no actuamos. Quizás, y sólo quizás, estamos de acuerdo con esa consecuencia negativa. Pero, en todo caso, debemos ser sinceros. Debemos decir que quizás estamos obrando mal.

La mayor pega que tiene es que quizás no se puede aplicar a cada ámbito de la vida. Pero sí para analizar consecuencias de hechos y actos. Tampoco entra, quizás, al fondo de ciertas cuestiones. Por ejemplo qué es hacer bien o qué es hacer mal, o qué se puede entender por buenas o malas intenciones, pero es evidente que es una perspectiva que escapa al sectarismo si se aplica objetivamente, tanto a los nuestros como a los otros.

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