Coaching ¿De qué estamos hablando?

Coaching ¿De qué estamos hablando?

coachingEsta mañana en mi lectura de periódicos diaria, un artículo me ha llamado la atención. Un título provocador, como la vergüenza de ser moderno, prometía una vuelta de tuerca a ataques y percepciones rancias que existen sobre nuevas formas culturales, especialmente las más urbanitas. En realidad, el artículo hacía mención a un libro, siendo una reseña. No tengo el placer de haber leído ese libro, pero si hacemos caso al artículo, sigue siendo una retahíla de tópicos viejunos sobre la modernidad y el movimiento hipster tan denostado en las redes.

Hasta ahí nada nuevo bajo el sol, y un poco más de aburrimiento de no poder avanzar ya y superar ciertos conceptos de una forma tridimensional. Me aburre, sinceramente, que quienes quieren desligarse de uniformes rancios intenten imponer otros en vez de consentir que cada uno se ponga el suyo. O, incluso, haga el suyo con trozos de otros uniformes. Todo decepcionante, pero tocaba más. La mención al coaching como invento neoliberal.

Tras enfriar los ánimos, me doy cuenta que esa percepción que se tiene desde la izquierda del coaching como invento neoliberal tiene varias responsabilidad. La primera achacable a quien la percibe, por lo mismo que argumenté en el párrafo anterior. Pero es muy importante la autocrítica a quienes creemos en esta profesión. Es necesario hacer pedagogía del tema, y me siento preparado para aprotar mi granito de arena.

En primer lugar, y así lo veo, el coaching es educación. Si tuviera que ser yo quien aportara una definición, la más cercana sería la siguiente:

Método educativo orientado al crecimiento y desarrollo personal a que el cliente/alumno/coaché es acompañado por un coach que, mediante preguntas y técnicas de creatividad, ayuda que la persona se focalice en sus objetivos y alcance su potencial.

Definiendo el coaching como profesión

Bajo esta definición aporto un elemento que creo fundamental. Y aún así no se está llevando en el tema del coaching tal cual se está desarrollando. Para mí es una forma de relación educativa, con sus normas (al igual que muchos métodos). Por ello considero que los profesionales del coaching, y así debiera ser si queremos homologar su práctica, tenga que tener una base formativa superior en educación y/o psicología. Al igual que me parece escaso que los profesores de secundaria sólo hayan recibido una formación, ahora como máster, creo que un profesional del coaching necesita un conocimiento profundo del ser humano para poder ejercer.

Todo esto nace desde el momento que no soy purista. Soy seguidor de Whitmore, uno de los padres de coaching y entrenador deportivo (no olvidemos que surge de este mundo) y me gusta la técnica desde su cercanía a mi percepción de la educación. Sobre todo la capacidad que tiene de fomentar la autonomía. Pero el purismo lo considero un engorro porque la diversidad humana es amplia. Y en este punto un psicólogo, o un pedagogo, dispone de herramientas para poder añadir a las sesiones. Para que el método no muera en un corsé, y los objetivos que se persiguen sigan siendo intactos.

De la misma forma considero un error que cada vez que se anuncié el coaching como formación aparezcan unos apellidos que lo desvirtúan. Si queremos su homologación y reconocimiento como ciencia debemos aprenderla, pero no difuminarla en otro método. Puedo ser coach y aplicar un técnica conductista, pero eso será una herramienta de ayuda. Especialmente cuando hablamos de otras técnicas cuestionadas.

Coaching y neoliberalismo. Ni matrimonio ni affair

El segundo punto que quiero analizar es su vinculación al neoliberalismo. Puede nacer del mismo defecto de forma que acabo de hablar. Muchos coach vienen del mundo de empresa, con formación en esta área, y su lenguaje es muy empresarial. Quizás se refieran a esto.

En caso contrario, y siguiendo el artículo, hablamos de situar el poder en la persona. Como si todo el poder estuviera en la persona. A pesar de lo que creemos, como personas tenemos mucho poder. Nos engañamos y creemos que no podemos hacer muchas cosas ni alcanzar objetivos. Eso es algo que hay que trabajar. Especialmente desde la inteligencia emocional. Más inteligencia emocional en las aulas implicaría menos necesidad de coach.

Pero un coach jamás debe decirle a alguien que va a conseguir algo. Como indica Cajina, un proceso de coaching puede ayudar a alguien a que consiga hacer su mejor pitch de negocios por ejemplo. Pero ¿asegura eso la venta? No. Así de claro. Lo que ayuda un coach es a que los elementos que están en manos de la persona estén al 100%. El mundo no es justo y eso no lo cambia el coaching. ¿Hay quien vende que se puede conseguir todo? Si. ¿Los considero profesionales? No. Y me me remito al punto anterior. Ahora, ¿A qué tipo de coach le está dando la prensa voz? ¿Que puede hacer la prensa crítica para dar la vuelta a esa voz monocorde? ¿Veis? Preguntas que hay que responder. Puro coaching

Y eso que no quiero extenderme y hablar del método GROW, muy típico en coaching. Método en el que la R (realidad) ocupa un papel principal en la consecución de objetivos. Llegados a este punto he puesto el debate sobre la mesa, y la responsabilidad está en cada uno en analizar posiciones y tomar conciencia. Porque, por cierto, tan negativo es cargar a una persona toda la responsabilidad de si vida como tutelarla y no darle ninguna

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