Clientes. A veces conviene escucharles

Clientes. A veces conviene escucharles

clientesHace poco se montó un revuelo enorme con la huelga de taxistas en Madrid que vieron como muchos de sus clientes, y compañeros (entendiendo la palabra compañero como contexto de clase) no recibían bien ese apoyo. Incluso quienes tenían entre sus críticas a las nuevas empresas de transporte, aquellas por las que protestaban, no podían omitir que la gente tenía ganas a los taxistas.

¿Qué ha pasado? Que el triunfo de muchas plataformas de Internet se debe a esa desconexión que hay entre ciertos negocios y sus clientes. Y es que hay sectores en los que no hace tanta mella los nuevos servicios por Internet sino que se complementar. La gente pide por plataformas su comida a casa y al día siguiente saldrá al restaurante porque le gusta el trato que recibe. Pero hay negocios en los que ha pasado al contrario. Los taxistas parecen ser uno de ellos, algo en lo que no me entretendré porque no soy usuario habitual, pero voy a poner un ejemplo reciente.

 

Estas vacaciones quise utilizar una agencia de viajes para que nos ayudaran a coger nuestro destino. Normalmente me suelo encargar yo y tengo varias experiencias buenas a mis espaldas haciéndolo, pero por temas laborales estaba tan a tope que no tenía tiempo para hacerlo (teníamos que coger trenes internos y otros temas que llevaban tiempo analizar). Pues bien, decido ser cliente como lo hice hace un par de años con mediocres resultados. Y pudo ser peor.

Primero, la persona que nos atendió, agradable eso sí, podría haber estado vendiendo champú como barras de pan. En estos tiempos que corren y es algo que insisto desde mis tiempos de consultor en comercio, un profesional tiene que serlo. Un profesional y experto en lo que vende. Mostrar el producto con ilusión. No le iba a pedir que conociera el país porque hay mucho por donde viajar, pero es que no conocía ni de oidas nada.

Y de ahí siguieron los despropósitos. Como la habilidad escasa para encontrarnos un hotel que además no tenía que ver con nuestro perfil (ni por el lugar ni por las características del hotel), vamos, uno hotel de catálogo- normal porque tampoco se preocupó en conocer nuestros objetivos vacacionales aunque se los contábamos. Y los trenes, pues menos mal que nos surgió un problema y tuvimos que hacer un cambio allá porque lo que nos había vendido estaba incompleto.

Como cliente, frustración máxima. A la próxima volveré a gestionarlo por mi cuenta. No me duele pagar una comisión a a alguien por su trabajo, sobre todo cuando ese trabajo implica que mis vacaciones, en este caso sean mejores. Un cliente es la base fundamental sobre la que debe pivotar un negocio, y en este caso cojeaba sobre manera. De hecho, esa actuación medipcre hizo que no disfrutáramos tanto como queríamos las vacaciones.

Quizás escriba desde el cabreo, pero cuando oigo que Internet está cargándose algunos negocios no se me ocurre saltar alarmado, sino que como cliente que he sido de muchos digo: no me extraña.

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