Autonomía como objetivo y método

Autonomía   Aunque los últimos cambios legislativos en manera de educación han cambiado el foco de la educación de los objetivos a las competencias, algo que a priori, debería incidir directamente en potenciar la autonomía del alumnado, en este tema parece que se está dando un retroceso o una involución. Cualquiera que trabaje con jóvenes hoy en día, especialmente en la educación formal constatara que la autonomía que presentan los más jóvenes difiere de la de generaciones anteriores que se mostraban menos dependientes en sus procesos educativos.

¿Que pasa con la autonomía?

    Una causa de esto podría ser en la visión como cliente y proveedores de servicios que se está dando en el mundo educativo. Ya sea en la formación pública como en la privada. E independientemente de la relación contractual existente entre el centro y el alumnado y si familia, es nocivo concebirse a sí mismos como clientes de un servicio. La educación es un derecho, e incluso una obligación dentro de nuestra legislación en la que profesionales del sector velan por cumplir su función docente y conseguir que el alumnado adquiera competencias que

a) sirvan para su inserción laboral y

b) les conviertan en agentes activos de la sociedad.

    Estos dos objetivos son muy difíciles de conseguir si la autonomía no es fomentada. Ya no sólo desde los centros educativos, sino desde el hogar, desarrollando previamente la inteligencia emocional y la capacidad de frustración, otros dos ausentes en estos momentos. Y esa visión del colegio como proveedores de servicios que uno adquiere en vez de comprenderlo como una entidad formadora que tiene una serie de exigencias que hay que cumplir no ayuda.

Autonomía para la vida adulta

    Una vez fuera del sistema educativo las futuras generaciones, y la actuales ya, se van a encontrar con una sociedad feroz. Una sociedad en la que las piezas para construirse no vienen dadas. E incluso el propio concepto de sociedad, quien antes se ocupaba de velar por sus integrantes, se ha disuelto. Por lo que estamos en un momento que hasta tenemos que construir ese espacio, nuestra comunidad, desde cero. Y es que han caído los pilares de un modelo antiguo y están sin diseñar los nuevos. La pasividad y la dependencia, en contraposición a la actividad y la autonomía, son realmente dos valores poco deseables para poder desarrollarse en este espacio ni para poder desarrollarlo.

     Deberíamos preocuparnos que, en este cambio social en la que la edad contemporánea empieza a ser algo que se estudiará en los libros de historia y no una realidad actual y la postmodernidad le está sustituyendo, aquellos que deben ser agentes activos en construir esa nueva estructura social sean agentes pasivos y deleguen en otros sus decisiones en vez de trabajar por edificar un modelo social justo e inclusivo. Y todo empieza por pequeños gestos que vayan eliminando ese vicio de que sean los otros los que se ocupen y no uno mismo quien lo luche.

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