Alimentación y cabeza: un binomio inseparable

En alguna ocasión he comentado que cuidarse no se refiere únicamente al propio hecho de hacer algo, sino a la forma de vivirlo para que pueda encajar contigo. La alimentación no es una excepción. En este artículo me gustaría reivindicar que los profesionales de la alimentación se centren en tener esto en cuenta. Todos tenemos conocidos cercanos, y si no posiblemente nosotros mismos, que han fallado en una dieta. Y ahí reside el problema. Las dietas, tal y como están planteadas no son sinónimos de salud. Es más, si alguien me apura diré que no hay nada que engorde más que ponerse a dieta.

Alimentación como proceso psicológico

alimentaciónCuando estudié este tema uno de los primeros puntos que cursé fue la diferencia entre alimentación y nutrición. Cualquiera que haya estudiado lo mismo que yo sabrá esto como la base. Por eso me extraña que tantos profesionales sigan entendiendo que cuidarse es contar calorías. Para mí, alguien que siempre huyó de las dietas porque las vivía como una condena (tal cual se mostraban) aprender que nuestro cuerpo funciona con macronutrientes y micronutrientes fue una tabla de salvación.

Aprender a adaptarlos para que me permitieran adquirir hábitos saludables con mis comidas favoritas me ha permitido bajar más de 40 kilos y evitar efectos rebotes. Es más, ahora viviendo en pareja no he tenido ningún problema en seguir manteniendo mi estilo de alimentación porque encajar fácilmente. Me gusta que haya sabores, que no sea aburrido y sobre todo que se mantenga. Os puedo hacer una poco de promoción invitando a verlo.

Me cabrea que algo tan sencillo aún no haya calado en la sociedad, y que los primeros agentes en tener que hacerlos, aquellos que gestionan nuestra salud, lo sigan omitiendo. Por fortuna los especialistas en nutrición con formación exclusiva en este campo si lo tienen en cuenta, aunque no lleguen tanto donde debieran al pertenecer al sector privado. Y es que nos estamos jugando la salud. Curiosamente, leyendo a Nardone, comenta la importancia de tener en cuenta esto para problemas de salud mental derivados del cuidado de la alimentación.

Alimentación como proceso social

Además de cómo nos encontremos nosotros, hay que tener otro aspecto en cuenta. No vivimos aislados, somos seres sociales. Escribo este artículo en estas fechas precisamente porque es uno de esos momentos en los que los excesos abundan. Combinando ese remordimiento con los propósitos de año nuevo es factible que se den dietas depurativas que no ayudan. Los expertos en fitness están cada vez más en contra de esto.

Y es que una buena alimentación tiene que estar adaptada a la vida de la persona. Compromisos sociales son inevitables y tener que andar con sentimientos de culpa es un error. Al final la comida se convierte en una carga y se abandona. Es mucho más fácil la adhesion a un estilo alimentario cuando es flexible a la vida que tenemos.

Es definitiva, creo que la regla del 80-20. Ai un 80% de nuestra ingesta es sana y proporcionada puede haber margen para que un 20% no lo sea es una norma a seguir. A ello se le puede añadir el sentido común. Comer un poco de todo sin omitir grupos nutricionales ni seguir modas que se desprendan de ellos. Y, por su puesto, actividad física.

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